Nos fuimos de la sombra de la palmera descolorida, pero tenía un aspecto tan frágil, y estaba tan sola allí en medio, que nos fuimos cuando empezó a balancearse con el viento. Mamá y yo encontramos un barquito de madera en el puerto. Nos ofrecieron dar una vuelta y volver, pero lo perdimos porque Litos tardó mucho.
Ahora estoy sentada en las rocas del puertecito. En las rocas hay un ratón merodeando, es muy pequeño y con unas orejas grandes y redondas y una cola larga. Aparece y luego se vuelve a esconder entre las rocas. Es una monada.

Han pasado tres días desde que me despedí de mis amigos y ya les echo de menos. Ojalá estuvieran aquí conmigo, en Arabia Saudí, en esta ciudad que ha salido, en pocos años, de las arenas del desierto.
Ojalá me hubiera traído el iPod, estoy harta de los ruidos de las obras.
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