
En el avión entablé conversación con un señor hindú mayor, que nos salvó la vida en el aeropuerto. No había taxis, y nos ofreció llevarnos en coche. No quedó más remedio que aceptar con recelo. Un señor metió nuestras maletas en el maletero de una especie de jeep furgoneta, y otro señor, con algo así como una metralleta en la mano, se metió en el coche. El de las maletas también era chófer ¿en el coche de quién nos estaríamos metiendo? Nos dijo que nos iba a llevar a un hotel que conocía. Litos le echaba miradas nerviosas al de la metralleta, que la llevaba bien sujeta en el regazo. Mamá estaba medio pálida, y los tres nos intercambiábamos miradas de ¡¿?!
Durante el viaje fui especulando. A lo mejor era embajador o algo importante... resultó que el hombre con guardaespaldas y chófer era un profesor de la Universidad en Patna especializado en la Tenia. Nos llevaba al hotel a donde solía llevar a los alumnos que venían unos días desde fuera de Patna. Nos salvó la vida, de veras...
El hotel era como de los años 70, muy cómodo. El problema era que no funcionaba el agua caliente y que el personal del hotel entraba en nuestra habitación cada dos por tres sin llamar a la puerta, pero estoy muy muy agradecida de haber salido de Calcuta, y juro que nunca volveré allí.
Por la mañana:
He tenido pesadillas sobre Calcuta.
Esta mañana ha entrado un tío del hotel (sin llamar) a las 6 de la mañana y nos ha despertado para preguntarnos si teníamos ropa sucia. Es muy gracioso, nunca había estado en un hotel tan parecido a una casa jaja.
Ahora cogeremos un taxi para ir a Bodhgaya, el centro budista. Son 4 horas de viaje. No he conocido Patna, pero parece bastante normal. ¡¡¡Me encanta el budismo, me muero por ir a Bodhgaya!!!
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